Vida urbana | Städtisches Leben — 16 November 2014

En todos los continentes aumenta por estos dias la xenofobia en algunos sectores de la población. María Ester, que vive en Hamburgo, hizo en relación con esto una terrible experiencia en una de sus  últimas visitas a Argentina. Ella misma pertenece a los otros sectores de la población, los que entienden la situación de los recién llegados en el capitalismo global y les dan la bienvenida. Ojalá, último trimestre de 2014. Hamburgo.
Auf mehreren Kontinenten nimmt zurzeit in Teilen der Bevölkerung der Fremdenhass zu. María Ester, sie wohnt in Hamburg, machte während einer ihrer letzten Besuche in Argentinien diesbezüglich eine schreckliche Erfahrung. Sie selbst gehört zu der Bevölkerungsgruppe, welche die Situation der Ankommenden im globalen Kapitalismus versteht und sie persönlich willkommen heißt. [hoffentlich], letztes Vierteljahr 2014, Hamburg. Deutsche Version: Erk Werner[hoffentlich], letztes Vierteljahr 2014, Hamburg. Deutsche Version Erk Werner

 Sabía que el Hospital quedaba en el Barrio de Liniers, para llegar allí tenía que atravesar todo la ciudad | Ich wusste, dass sich das Krankenhaus im Stadtviertel Liniers befand. Um dorthin zu gelangen musste ich die gesamte Stadt durchqueren

 

En año 2010 visité Argentina, como lo hago cada dos años desde que vivo en el exterior. En esa oportunidad viajé con mi hija que tenía tres años de edad y yo estaba embarazada de mi segundo hijo. Era el feriado de Semana Santa por eso visité a una amiga en Berazategui, una localidad ubicada entre La Plata y Buenos Aires. Allí descansaba cuando me llamó por teléfono mi madre y me dijo: “llamó tu tío Juan, nos avisó que la abuela Celia está internada, parece que está muy delicada”. Inmediatamente, llamé a mi tío quien se sorprendió porque no sabía que yo estaba en el país. Le pregunté por la abuela, él me dijo: “ella está en el Hospital Santojani de Liniers; padece una infección pulmonar, está grave” (se le quiebra la voz); “está en las últimas” (textual). Le pregunté por la dirección y los horarios de visita. Al final, Juan me advirtió: “no es la misma que vos recordás; puede que ella no te reconozca”. Interrumpí la estadía en casa de mi amiga, regresé en tren a La plata con mi hija.
Im Jahre 2010 besuchte ich Argentinien, wie ich es alle zwei Jahre tue, seit ich im Ausland lebe. Bei jener Gelegenheit reiste ich mit meiner Tochter, die drei Jahre alt war. Zudem war ich schwanger mit meinem zweiten Kind. Es waren Osterferien, so dass ich eine Freundin in Berazategui besuchte, eine Gemeinde zwischen La Plata und Buenos Aires. Dort ruhte ich mich gerade aus, als meine Mutter mich anrief und mir sagte: „Dein Onkel Juan rief an und teilte mit, dass Deine Oma Celia im Krankenhaus ist. Es scheint, dass es ihr sehr schlecht geht“. Sofort rief ich meinen Onkel an, der erstaunt war, da er nicht wusste, dass ich mich im Land befand. Ich fragte ihn nach meiner Oma und er sagte mir: „Sie befindet sich im Krankenhaus von Santojani de Liniers. Sie leidet an einer Lungenentzündung. Es ist ernst” (seine Stimme zitterte). “Sie befindet sich in den letzten Zügen” (wörtlich). Ich fragte ihn nach der Anschrift und den Besuchszeiten. Zum Schluss fügte Juan die Bemerkung an: „Sie ist nicht mehr dieselbe, wie Du sie in Erinnerung hast, es kann sein, dass sie Dich nicht wiedererkennt“. Ich unterbrach den Aufenthalt im Haus meiner Freundin und kehre mit meiner Tochter im Zug nach La Plata zurück.

 

Al otro día tomé sola el mismo tren en dirección a la Estación Constitución de la ciudad de Buenos Aires. Sabía que el Hospital quedaba en el Barrio de Liniers, para llegar allí tenía que atravesar todo la ciudad. Entonces, por la angustia que me aprisionaba la garganta y la urgencia de ver a mi abuela, preferí tomar un taxi. En la parada de la Estación le pregunté a un taxista sobre cuánto me cobraría por llevarme y traerme de regreso al centro. Quedamos de acuerdo en una suma y me subí. En el camino como siempre hacen los taxistas comenzó a preguntarme por el motivo de mi viaje. Bueno, así comenzamos a charlar. Yo en lo único que pensaba era en mi abuela, en su vida, en su enfermedad y en su inminente final. Le conté al taxista que mi abuela era una mujer inmigrante, que había llegado al país a mediados de los años cincuenta junto con mi padre, que en ese momento era un niño pequeño, en un barco proveniente de Vigo, Galicia. Al arribar a Buenos Aires en el puerto los esperaba mi abuelo Fortunato, quien había emigrado antes para buscar un trabajo y un lugar donde vivir. Primero los tres vivieron en un departamento pequeño. Pero con los años, el trabajo y el sacrificio dieron sus frutos, finalmente se pudieron comprar una casa de dos plantas en el barrio de Liniers. “Ah, Liniers “– me interrumpe el taxista- “a ese barrio ahora le dicen ahora Pequeña Bolivia, porque está lleno de bolivianos, coparon todo, las calles con sus puestos, los locales, los restaurantes, los bares, la feria, todo….” Yo no le di mucha importancia a su comentario en el viaje de ida, pero luego sí que entendería su sentido…

 

Am nächsten Tag nahm ich alleine denselben Zug in Richtung der Station Constitución der Stadt Buenos Aires. Ich wusste, dass sich das Krankenhaus im Stadtviertel Liniers befand. Um dorthin zu gelangen musste ich die gesamte Stadt durchqueren. Wegen der Angst, die mir den Hals zuschnürte und der Dringlichkeit, meine Oma zu sehen, zog ich es vor mir ein Taxi zu nehmen. An der Haltestellte fragte ich einen Taxifahrer, wie viel er für die Hin- und Rückfahrt ins Zentrum von mir verlangen würde. Wir einigten uns auf einen Preis und ich stieg ins Taxi ein. Wie die Taxifahrer es immer zu tun pflegen, fragte er mich nach dem Grund meiner Reise. Gut, so fingen wir eine Unterhaltung an. Das einzige, woran ich dachte, war meine Oma, an ihr Leben, an ihre Erkrankung und an ihr bevorstehendes Ende. Ich erzählte dem Taxifahrer, dass meine Oma eine Einwandererin war, dass sie zusammen mit meinem Vater, der in diesem Moment ein kleiner Junge war, Mitte der fünfziger Jahre auf einem Schiff aus Vigo, Galicien, ins Land gekommen war. Bei der Ankunft im Hafen von Buenos Aires erwartete sie mein Opa Fortunato, der bereits vorher ausgewandert war um eine Arbeit und Unterkunft zu suchen. Zunächst wohnten die drei in einer kleinen Wohnung. Aber mit den Jahren trugen die Arbeit und die Entbehrungen Früchte, so dass sie sich schlussendlich ein Haus mit zwei Stockwerken im Viertel von Liniers kaufen konnten. „Oh, Liniers“ – unterbricht mich der Taxifahrer – „dieses Viertel nennen sie heute Klein-Bolivien, weil es voll von Bolivianos ist. Sie nahmen alles in Beschlag, die Straßen mit ihren Ständen, die Lokale, die Restaurants, die Bars, die Märkte, alles…“. Auf der Hinfahrt schenkte ich seinem Kommentar wenig Beachtung, aber später würde ich seinen Sinn noch verstehen …

 

>a ese barrio ahora le dicen ahora Pequeña Bolivia, porque está lleno de bolivianos, coparon todo, las calles con sus puestos, los locales, los restaurantes, los bares, la feria, todo< | >dieses Viertel nennen sie heute Klein-Bolivien, weil es voll von Bolivianos ist. Sie nahmen alles in Beschlag, die Straßen mit ihren Ständen, die Lokale, die Restaurants, die Bars, die Märkte, alles<

 

El taxista me dejó en el Hospital, le pagué la mitad de la suma convenida y me dio su número de celular para que lo llame así me pasaba a buscar al final de mi visita. Él -según me dijo- se quedaría por el barrio. Al llegar en la puerta de ingreso del Hospital ya me esperaba ansioso mi tío Juan. Hacía años que no lo veía,pero cada de vez que lo veo su mirada me resulta tan familiar que me impresiona. Su mirada es un espejo de la mía. La abuela estaba en la sala de enfermos infecciosos, antes de entrar había un letrero que advertía que no se recomendaba el ingreso a embarazadas y niños pequeños. Tomé aire y decidí correr el riesgo. Tal vez sería la última vez que vería a mi abuela con vida. Ella estaba acostada en la cama y era efectivamente otra, una sombra de sí misma. Piel y huesos. Me acerqué la saludé, le dije: “Hola abuela” y le di un beso en la frente. Ella me miró con sus ojos cansados y me reconoció: “María Ester, querida mía”, susurró. Le entregué lo que le había traído: un camisón, una toallita, productos de tocador y otras cosas que me había pedido mi tío. También, le dejé una foto de mi hija Julieta, le dije: mirá abuela es tu bisnieta y viene otro en camino, será varón y de segundo nombre llevará el de tu hijo, Jacinto. Se le nublaron los ojos a la abuela. Yo todavía con el nudo en la garganta, intentaba no aflojar. No sé que más hablamos. Al final me preguntó si yo vivía en la casa de Galicia. Se refería a la casa donde nació mi papá. No, abuela, no vivo allí, le contesté. Pobrecita, pensé tal vez era su deseo. Regresar a su aldea de alguna manera, sino era ella alguien de la familia. La visita era breve porque era una sala de cuidados intermedios. Salimos. Llamé al taxista y mientras esperábamos seguimos hablando con mi tío. Él lloraba y yo intentaba consolarlo.
Der Taxifahrer ließ mich vor dem Krankenhaus aussteigen; ich zahlte ihm die Hälfte der vereinbarten Summe und er gab mir seine Handynummer, damit ich ihn anriefe, so dass er mich am Ende meines Besuchs wieder mitnehmen konnte. Er bliebe – so sagte er es mir – im Viertel. Als ich die Eingangstür des Krankenhauses erreichte, erwartete mich bereits ungeduldig mein Onkel Juan. Seit Jahren hatte ich ihn nicht mehr gesehen. Aber jedes Mal, wenn ich ihn sehe, scheint mir sein Blick so vertraut, dass es mich berührt. Sein Blick ist ein Spiegel meines eigenen. Meine Oma befand sich im Krankenzimmer für ansteckende Kranke. Bevor man eintrat, wies ein Schild darauf hin, dass Schwangere und kleine Kinder besser nicht eintreten sollten. Ich holte tief Luft und entschied mich, dieses Risiko zu tragen. Vielleicht würde es das letzte Mal sein, dass ich meine Oma lebend sehe. Sie lag im Bett und war kaum wiederzuerkennen, ein Schatten ihrer selbst. Nur noch Haut und Knochen. Ich ging zu ihr, begrüßte sie und sagte: „Hallo Oma“, und gab ihr einen Kuss auf die Stirn. Sie sah mich mit müden Augen an und erkannte mich: „Maria Ester, meine Liebe“, flüsterte sie. Ich überreichte ihr, was ich ihr mitgebracht hatte: ein Nachthemd, ein kleines Handtuch, Hygieneartikel und andere Dinge, um die mich mein Onkel gebeten hatte. Auch überließ ich ihr ein Foto von meiner Tochter Julieta. Ich sagte ihr: „schau Oma, das ist Deine Enkelin und ein weiteres ist auf dem Weg, es wird ein Junge sein und er wird als zweiten Vornamen den Namen Deines Sohnes tragen, Jacinto“. Meiner Oma stiegen die Tränen in die Augen. Meine Kehle war wie zugeschnürt, aber ich versuchte, mich zu beherrschen. Ich weiß nicht mehr, worüber wir noch alles gesprochen haben. Am Ende fragte sie mich, ob ich im Haus in Galizien wohnen würde. Sie meinte das Haus, in dem mein Vater geboren wurde. „Nein Oma, dort wohne ich nicht“, antwortete ich ihr. Die arme, dachte ich, vielleicht war es ihr Wunsch, auf irgendeine Weise in ihr Dorf zurückkehren. Und wenn sie es selbst nicht konnte, dann jemand aus der Familie. Der Besuch war kurz, weil es eine besondere Pflegestation war. Wir gingen. Ich rief den Taxifahrer an und während wir warteten, sprach ich mit meinem Onkel. Er weinte und ich versuchte, ihn zu trösten.
Me tocó bocina el taxista, me despedí de mi tío y subí al taxi. Le pedí al conductor que me llevara a la Terminal de Ómnibus de Retiro. Quería llegar cuanto antes a La Plata y abrazar a mi hija. El viaje era largo, en el camino el taxista no paró de hablar. Al principio me preguntó por mi abuela, yo no pude contenerme y le dije se estaba muriendo. Le comenté que ella nunca perdió su acento, pese a pasar casi toda su vida en Argentina. Hablaba como recién bajada del barco. Ahí, el taxista aprovechó y retomó el tema de los inmigrantes y no paró más: que los inmigrantes de ahora no son como lo de antes, como nuestros abuelos; que los de ahora vienen a aprovecharse de nuestro país, de la educación y la salud gratuita. Que les quitan el trabajo a los argentinos. Que su madre trabaja el hospital de niños y son todos hijos de peruanos, bolivianos y paraguayos que se atienden allí. Qué arman nuevas villas miserias, ocupan terrenos, venden drogas y son todos delincuentes.
Der Taxifahrer hupte, ich verabschiedete mich von meinem Onkel und stieg in das Taxi ein. Ich bat den Fahrer, mich zum Busbahnhof von Retiro zu bringen. Ich wollte so schnell wie möglich in La Plata ankommen und meine Tochter umarmen. Die Reise war lang und auf dem Weg hörte der Taxifahrer nicht auf zu reden. Anfangs fragte er mich nach meiner Oma. Ich konnte mich nicht zurückhalten und ich sagte ihm, dass sie im Sterben lag. Ich erzählte ihm, dass sie nie ihren Akzent verloren hatte, obwohl sie fast ihr ganzes Leben in Argentinien verbracht hatte. Sie sprach, als sei sie gerade erst mit dem Schiff angekommen. Der Taxifahrer ergriff die Gelegenheit, kam auf das Thema der Einwanderer zurück und hörte nicht mehr auf: dass die Einwanderer von heute nicht so wie die von früher, wie unsere Großeltern, sind; dass sie heute kommen, um unser Land auszunutzen, unser Bildungssystem und unsere kostenlose medizinische Versorgung. Dass sie den Argentiniern die Arbeit wegnehmen. Dass seine Mutter im Kinderkrankenhaus arbeitet und dass alle, die dort aufgenommen wurden, Kinder von Peruanern, Bolivianern und Paraguayern seien. Dass sie neue villas miserias (Elendsviertel, d.Ü.) bauen, Grundstücke besetzen, Drogen verkaufen und alle Verbrecher sind.

 

>son todos delincuentes y vienen a robar, hay que deportarlos a todos< | >Es sind alles Verbrecher und sie kommen um zu stehlen, man muss sie alle abschieben<

 

Yo intentaba, ir mechando y contestando a tantos prejuicios, le decía: pero si trabajan aquí y pagan impuestos también tienen sus derechos; como dice el preámbulo de la Constitución Nacional: “para todo el que desee habitar el suelo argentino”. La mayoría de los inmigrantes vienen a trabajar, son gente honesta y hacen el trabajo más pesado, el peor pago. Además, le dije, “no se olvide que los hijos que nacieron aquí son argentinos”. Y este hombre era terco y seguía: “son todos delincuentes y vienen a robar, hay que deportarlos a todos”. “Fíjese” me dice: (mostrándome dos muchachos parados en un semáforo en la avenida 9 de julio) “son peruanos y son ladrones, se hacen señas y marcan a sus víctimas. Yo lo veo todo el tiempo”. Pero, le contesté:”¿cómo puede usted saber si esos muchachos son peruanos o argentinos?”  “Ah”, – me contesta- “muy fácil: por la ropa, por cómo se mueven y por sus gestos”. Yo no podía creer lo que estaba escuchando. Al final, me di por vencida en esta discusión. El taxista seguía intentando convencerme con sus argumentos racistas. Pero yo ya no le escuchaba. Bajé del taxi con una tristeza profunda. Me quedé pensando en mi abuela Celia, en su experiencia como inmigrante en Argentina y por la mía propia como extranjera en Alemania. También, me quedé pensando en este taxista y en muchos que coinciden con él. Ellos ni tienen idea de lo que es vivir fuera, ni saben lo que se siente que te juzguen sin conocerte. Falta mucho por hacer en mi país y en el mundo. Porque todos somos extranjeros, casi en todos lados.
Ich versuchte, auf all diese Vorurteile zu antworten. Ich sagte ihm: „aber wenn sie hier arbeiten und Steuern zahlen, dann haben sie auch Rechte, wie es in der Präambel der Verfassung heißt: für alle, die den Wunsch haben, sich auf argentinischem Boden nieder zu lassen. Die Mehrzahl der Einwanderer kommt um zu arbeiten. Es sind ehrliche Leute und verrichten die schwersten Arbeiten, haben die schlechteste Bezahlung“. Außerdem sagte ich ihm, dass er nicht vergessen solle, dass die Kinder, die hier geboren wurden, Argentinier sind. Und dieser Mann war stur und fuhrt fort: „Es sind alles Verbrecher und sie kommen um zu stehlen, man muss sie alle abschieben“. „Schauen Sie mal“, sagte er mir: (dabei zeigt er auf zwei Jungs, die an der Avenida 9 de julio an einer Ampel stehen) „es sind Peruaner und sie sind Diebe, sie geben sich Zeichen und suchen sich ihre Opfer aus. Das sehe ich andauernd“. „Aber“, erwiderte ich ihm: „Wie können Sie wissen, dass diese Jungs Peruaner und keine Argentinier sind?“ „Ah“, – antwortet er mir – „sehr einfach: An der Kleidung, wie sie sich bewegen und aufgrund ihrer Gesten“. Ich konnte nicht glauben, was ich gerade gehört hatte. Schlussendlich gab ich es auf, mit ihm zu diskutieren. Der Taxifahrer versuchte weiter, mich mit seinen rassistischen Argumenten zu überzeugen. Aber ich hörte ihm schon nicht mehr zu. Tief traurig stieg ich aus dem Taxi aus. Ich dachte fortwährend an meine Oma Celia, an ihr Leben als Einwanderer in Argentinien und an mein eigenes als Ausländerin in Deutschland. Auch dachte ich an den Taxifahrer und an die Vielen, die mit seiner Meinung übereinstimmen. Sie haben keine Ahnung davon, wie es ist, im Ausland zu leben. Sie wissen nicht, wie es sich anfühlt, wenn sie dich verurteilen ohne Dich zu kennen. Es bleibt viel zu tun in meinem Land und in der Welt. Weil wir alle Ausländer sind, fast überall.

 

La mayoría vienen a trabajar, son gente honesta y hacen el trabajo más pesado, el peor pago | Die Mehrzahl kommt um zu arbeiten. Es sind ehrliche Leute und verrichten die schwersten Arbeiten, haben die schlechteste Bezahlung

 

 El Blog de María Ester está en:  http://elmilagroenhamburgo.blogspot.de :Hier ist der Blog (dasWunderinHamburg) von María Ester

 

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