Sociedad | Gesellschaft — 11 Oktober 2026
🡷 Hay finalmente una gota que llena el vaso, el agua se derrama. El descontento y la rabia crecen. Se toma una decisión drástica. Se va a la diáspora. Pero no todos/todas lo hacen como aquellos que “salen huyendo del país que la derecha ha creado, y desde el extranjero votan por la derecha”. En el relato eso queda todavía en lo no dicho. Después de sus texto sobre deseo, mujer y hombres Olivia D. reaparece en la revista. Algo ha pasado. Ojalá, cuarto trimestre de 2026. Hamburgo.
🡶 Schließlich gibt es einen Tropfen, der das Fass zum Überlaufen bringt, das Wasser ergießt sich. Unzufriedenheit und Wut wachsen. Es wird eine drastische Entscheidung getroffen. Man geht in die Diaspora. Aber nicht alle tun dies so wie jene, die „aus dem Land fliehen, das die Rechte geschaffen hat, und aus dem Ausland für die Rechte stimmen“. In der Erzählung bleibt dies noch unausgesprochen. Nach ihren Texten über Begehren, Frauen und Männer taucht Olivia D. wieder in der Zeitschrift auf. Etwas ist passiert. [hoffentlich] Viertes Quartal 2026. Hamburg.

Por / von Olivia Diab
Puedo asegurar que todo lo que deseo, se me presenta tarde o temprano. Y no quiero alardear, pero casi siempre, más temprano que tarde. Esta afirmación categórica, no desplaza en ningún caso, a esta otra: Me pasan muchas cosas que no deseo para nada. ¿Para dónde se inclina la balanza? No lo sé, pero hasta ahora vengo sobreviviendo.
Ich kann versichern, dass mir alles, was ich mir wünsche, früher oder später zuteilwird. Und ich möchte nicht prahlen, aber fast immer eher früher als später. Diese kategorische Aussage hebt keineswegs die folgende auf: Mir passieren viele Dinge, die ich überhaupt nicht wünsche. In welche Richtung neigt sich die Waage? Ich weiß es nicht, aber bisher habe ich es irgendwie überstanden.
1.
Hay quien considerará que 25 años es demasiado tiempo y otros creerán que no son nada; ya lo dijo Albert, todo es relativo. También habló sobre ello el menos conocido (pero no por eso menos visionario) Lichtenberg: ¿Qué hice el último cuarto de años de mi vida? Comí, bebí, hice experimentos eléctricos, escribí almanaques, me reí al ver un gatito […] Los relojes de arena no sólo nos recuerdan el rápido transcurrir del tiempo sino también el polvo en el que alguna vez nos convertiremos.
Manche werden 25 Jahre als zu lange Zeit empfinden, andere wiederum werden meinen, das sei gar nichts; wie Albert schon sagte: Alles ist relativ. Auch der weniger bekannte (aber deshalb nicht weniger visionäre) Lichtenberg sprach darüber: Was habe ich im letzten Vierteljahrhundert meines Lebens getan? Ich habe gegessen, getrunken, elektrische Experimente durchgeführt, Almanache geschrieben, über ein Kätzchen gelacht […] Sanduhren erinnern uns nicht nur an das schnelle Vergehen der Zeit, sondern auch an den Staub, zu dem wir eines Tages werden.
Y convertirse en polvo no lleva más que una vida, eso lo digo yo y no admite discusión.
Und um zu Staub zu werden, braucht es nicht mehr als ein Leben – das sage ich, und darüber lässt sich nicht streiten.
Una vez cada 25 años, decido mudarme a otro lado, al otro lado del mundo. De mi mundo. La primera vez, el plan, lo craneé durante unos meses y la segunda, durante un par de años, sin embargo el acto práctico y concreto de la mudanza, siempre lo realicé el último día del año.
Einmal alle 25 Jahre beschließe ich, woanders hinzuziehen, ans andere Ende der Welt. Meiner Welt. Das erste Mal habe ich den Plan einige Monate lang ausgeheckt, das zweite Mal ein paar Jahre lang; den tatsächlichen Umzug habe ich jedoch immer am letzten Tag des Jahres durchgeführt.
El primer extrañamiento fue en el año 1995. En mayo de ese año, tuve la mala suerte de caer en un pozo, no es una metáfora, caí en un pozo que habían hecho unos obreros, a lo largo de toda la calle Migueletes para instalar la fibra óptica, que fuera elemento cimiento de la tecnología celular. El pozo era de un metro de profundidad. Teniendo en cuenta que mido un metro cuarenta con cuarenta y siete centímetros, esa profundidad representaba, y representa aún hoy, dos tercios de mi talla. Caí en un profundo pozo. Me había bajado del colectivo, línea 63, en Barrancas de Belgrano, a las 7:30 am. Llevaba unos buenos tacos porque en esa época no estaba bien visto que las maestras fueran de menor estatura que sus alumnos, y yo en ese momento justo, trabajaba de maestra de 4to grado. Todos mis alumnos me superaban en ese sentido y en otros varios. Llovía a cántaros y los empleados municipales de ese entonces, habían abandonado la obra – la hechura de pozos- para otro día, sin poner ningún tipo de valla, ni cinta de “peligro”. Llovía mucho y yo bajé del colectivo de línea 63 y corrí un par de cuadras para mojarme lo menos posible (aunque está demostrado que la lluvia moja lo mismo si vas corriendo o caminando). Corría sobre mis tacos de 12 cm, un día tormentoso, para llegar al trabajo y caí en el pozo de la fibra óptica. Está última frase sí podría interpretarse metafóricamente, pero luego, cuando comprendan la interpretación real y práctica que intentaré en las próximas líneas; por ahora la imagen es literal: Caí en el pozo de la fibra óptica.
Das erste Mal, dass ich mich fremd fühlte, war im Jahr 1995. Im Mai jenes Jahres hatte ich das Pech, in einen Schacht zu fallen – das ist keine Metapher, ich fiel tatsächlich in einen Schacht, den Arbeiter entlang der gesamten Migueletes-Straße gegraben hatten, um Glasfaserkabel zu verlegen, die das Fundament der Mobilfunktechnologie bildeten. Der Schacht war einen Meter tief. Wenn man bedenkt, dass ich einen Meter und siebenundvierzig Zentimeter groß bin, entsprach diese Tiefe – und entspricht sie auch heute noch – zwei Dritteln meiner Körpergröße. Ich fiel in einen tiefen Schacht. Ich war um 7:30 Uhr morgens an der Haltestelle „Barrancas de Belgrano“ aus dem Bus der Linie 63 ausgestiegen. Ich trug hohe Absätze, denn damals war es verpönt, dass Lehrerinnen kleiner waren als ihre Schüler, und ich arbeitete zu dieser Zeit gerade als Lehrerin in der 4. Klasse. Alle meine Schüler übertrafen mich in dieser Hinsicht und in vielerlei anderer Hinsicht. Es regnete in Strömen, und die damaligen städtischen Arbeiter hatten die Bauarbeiten – das Ausheben der Schächte – auf einen anderen Tag verschoben, ohne irgendeine Absperrung oder ein „Gefahr“-Band anzubringen. Es regnete stark, und ich stieg aus dem Bus der Linie 63 aus und rannte ein paar Häuserblocks, um so wenig wie möglich nass zu werden (obwohl erwiesen ist, dass man vom Regen genauso nass wird, egal ob man rennt oder geht). Ich rannte an diesem stürmischen Tag auf meinen 12-cm-Absätzen zur Arbeit und fiel in den Glasfaserschacht. Dieser letzte Satz könnte zwar metaphorisch interpretiert werden, aber erst später, wenn ihr die tatsächliche und praktische Bedeutung versteht, die ich in den nächsten Zeilen zu erklären versuche; vorerst ist das Bild wörtlich zu nehmen: Ich bin in den Glasfaserschacht gefallen.
1a
No me lastimé físicamente, pero creo que mi personalidad sufrió un impacto más profundo que el mismo pozo. La alienación acumulada durante años eclosionó en mi corazón en forma de un pulso desconocido por mí hasta ese momento. Con la caída se sacudió mi estructura psíquica y una especie de quiste eruptivo de odio se apoderó de mí. Logré salir del agujero semi inundado con bastante agilidad, resultado del mismo odio. Llegué al trabajo y realicé mis labores toda embarrada pero con total normalidad; regresé a mi casa por la tarde, me bañé y con total normalidad atendí a mi familia; cenamos todos juntos y me comporté con total normalidad. Me fui a acostar pero no me dormí. No. Elucubré durante toda la noche cómo iba a viajar en el mismo colectivo a la mañana siguiente, provista de una pala ancha que escondería en mi mochila, y cómo iba a bajar del colectivo de la línea 63 a las 7:30 am del día siguiente para, finalmente, moler a palazos al primer empleado municipal que encontrara cerca del pozo que habían dejado a la intemperie. Visualizaba las imágenes de la masacre casi como en una pantalla de celular, inexistente por ese entonces (por lo menos en mi realidad socio económica); sangre, tripas, órganos despedazados, agitación, ¡hasta música! Todo en mi cabeza, adelantando el deleite que pretendía tener al día siguiente, solo para sacarme de encima la mufa. Seguramente iría presa. Tenía todo bien planeado: en la cárcel sería la más mala de todas.
Ich habe mir zwar keine körperlichen Verletzungen zugezogen, aber ich glaube, meine Persönlichkeit hat einen tieferen Schlag erlitten als der Schacht selbst. Die über Jahre hinweg angestaute Entfremdung brach in meinem Herzen in Form eines mir bis dahin unbekannten Impulses hervor. Durch den Sturz wurde meine psychische Struktur erschüttert, und eine Art ausbrechende Zyste des Hasses ergriff Besitz von mir. Es gelang mir, aus dem halb überfluteten Loch recht flink herauszukommen – ein Ergebnis eben dieses Hasses. Ich kam zur Arbeit und erledigte meine Aufgaben, obwohl ich voller Schlamm war, aber ganz normal; am Nachmittag kehrte ich nach Hause zurück, duschte mich und kümmerte mich ganz normal um meine Familie; wir aßen alle gemeinsam zu Abend, und ich verhielt mich völlig normal. Ich ging ins Bett, konnte aber nicht einschlafen. Nein. Die ganze Nacht über grübelte ich darüber nach, wie ich am nächsten Morgen mit demselben Bus fahren würde, ausgerüstet mit einer breiten Schaufel, die ich in meinem Rucksack verstecken würde, und wie ich am nächsten Tag um 7:30 Uhr aus dem Bus der Linie 63 aussteigen würde, um schließlich den ersten städtischen Angestellten, den ich in der Nähe des offen liegenden Schachts antreffen würde, mit Schaufelschlägen zu verprügeln. Ich stellte mir die Bilder des Massakers fast wie auf einem Handybildschirm vor, den es damals noch gar nicht gab (zumindest in meiner sozioökonomischen Realität); Blut, Eingeweide, zerfetzte Organe, Aufruhr, sogar Musik! Alles in meinem Kopf, um schon im Voraus die Freude zu genießen, die ich mir für den nächsten Tag vorgenommen hatte, nur um das Pech loszuwerden. Sicherlich würde ich ins Gefängnis kommen. Ich hatte alles gut geplant: Im Gefängnis würde ich die Böseste von allen sein.
Durante el desayuno, respiraba profundamente entre mate y mate para disimular mi ira y escuché -más bien le presté atención por primera vez- a mi pulso. No a mis latidos, no a mis pulsaciones, no a mi respiración. Atendí (entendí) por primera vez, que mi vida no pulsaba a ritmo con mi propia vida. Entonces miré a mi esposo con gravedad y le dije: Nos tenemos que ir de esta ciudad de mierda.
Siete meses después, el 31 de diciembre de ese mismo año nos mudamos a un pueblo en la costa a 404 km de la Ciudad de Buenos Aires. Mar del Plata. El 1 de Enero de 1996 ya estábamos instalados en un nuevo mundo para el resto de nuestras vidas. De esas vidas de esos siguientes 25 años. Éramos felices de nuevo.
Siete meses después, el 31 de diciembre de ese mismo año nos mudamos a un pueblo en la costa a 404 km de la Ciudad de Buenos Aires. Mar del Plata. El 1 de Enero de 1996 ya estábamos instalados en un nuevo mundo para el resto de nuestras vidas. De esas vidas de esos siguientes 25 años. Éramos felices de nuevo.
Beim Frühstück atmete ich zwischen einem Mate und dem nächsten tief durch, um meine Wut zu verbergen, und lauschte – oder besser gesagt: Ich schenkte ihm zum ersten Mal Aufmerksamkeit – meinem Puls. Nicht meinem Herzschlag, nicht meinen Pulsschlägen, nicht meinem Atem. Mir wurde zum ersten Mal bewusst, dass mein Leben nicht im Einklang mit meinem eigenen Lebensrhythmus pulsierte. Da sah ich meinen Mann ernst an und sagte zu ihm: Wir müssen aus dieser beschissenen Stadt wegziehen.
Sieben Monate später, am 31. Dezember desselben Jahres, zogen wir in ein Küstendorf, 404 km von Buenos Aires entfernt. Mar del Plata. Am 1. Januar 1996 hatten wir uns bereits in einer neuen Welt für den Rest unseres Lebens eingerichtet. In diesem Leben der folgenden 25 Jahre. Wir waren wieder glücklich.
Sieben Monate später, am 31. Dezember desselben Jahres, zogen wir in ein Küstendorf, 404 km von Buenos Aires entfernt. Mar del Plata. Am 1. Januar 1996 hatten wir uns bereits in einer neuen Welt für den Rest unseres Lebens eingerichtet. In diesem Leben der folgenden 25 Jahre. Wir waren wieder glücklich.
El pulso de la obra hay que sentirlo. Una vez que uno vibra con el pulso, a un ritmo acorde, la obra – la vida- ya puede comenzar a poner el foco en otra cosa: Vivir. En Mar del Plata mi pulso fue al ritmo que quise durante varios años: paraprapá rrratatá,tatá. ¿Entienden de qué les hablo? cuando uno sintoniza con su realidad, el pulso se mantiene infinitamente igual, mientras que el ritmo puede tener valores largos y cortos, acentos, cambios de timbre…
Sin embargo, hace unos meses, mi amigo Suarez “sintilde” me dijo: Mar del Plata debería llamarse Saco Roto: Agarrás la ruta 2, derecho 404 km y caés en Saco Roto. Increíble la verosimilitud de la imagen.
Sin embargo, hace unos meses, mi amigo Suarez “sintilde” me dijo: Mar del Plata debería llamarse Saco Roto: Agarrás la ruta 2, derecho 404 km y caés en Saco Roto. Increíble la verosimilitud de la imagen.
Den Rhythmus des Werks muss man spüren. Sobald man mit diesem Rhythmus mitschwingt, in einem passenden Takt, kann das Werk – das Leben – bereits beginnen, den Fokus auf etwas anderes zu richten: das Leben. In Mar del Plata schlug mein Puls mehrere Jahre lang in dem Rhythmus, den ich mir gewünscht hatte: paraprapá rrratatá,tatá. Verstehen Sie, wovon ich spreche? Wenn man sich auf seine Realität einstimmt, bleibt der Puls unendlich gleich, während der Rhythmus lange und kurze Takte, Akzente, Klangveränderungen haben kann…
Vor einigen Monaten jedoch sagte mir mein Freund Suarez „Sintilde“: Mar del Plata sollte eigentlich „Saco Roto“ heißen: Man nimmt die Route 2, fährt 404 km geradeaus und landet in Saco Roto. Unglaublich, wie treffend dieses Bild ist.
Vor einigen Monaten jedoch sagte mir mein Freund Suarez „Sintilde“: Mar del Plata sollte eigentlich „Saco Roto“ heißen: Man nimmt die Route 2, fährt 404 km geradeaus und landet in Saco Roto. Unglaublich, wie treffend dieses Bild ist.
En un momento ese prapárrratatá,tatá hizo un pum, pumpupú pummm! y finalmente PUM! Otra vez el pulso y el ritmo descuajeringados. Esta vez, las circunstancias, mi estado psíquico y civil eran completamente diferentes. Esta vez, fui sintiendo ese desajuste paulatinamente, no de tropezón a un pozo como la primera vez. Esta vez la pérdida de conexión entre el ritmo y el pulso, fue gradual.
Plötzlich machte dieses „Prapárrratatá, tatá“ ein „Pum, pumpupú, pummm!“ und schließlich „PUM!“. Wieder einmal waren der Puls und der Rhythmus aus dem Takt geraten. Diesmal waren die Umstände, mein psychischer und mein ziviler Zustand völlig anders. Diesmal spürte ich diese Diskrepanz allmählich, nicht wie beim ersten Mal, als wäre ich in eine Grube gestolpert. Diesmal erfolgte der Verlust der Verbindung zwischen Rhythmus und Puls schrittweise.
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De Oilvia D. en Ojalá: Monogámicos / monogámicas.



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